Eclipse Saldaña : Así lo inmortalizó Benjamín 12 Agosto 2026


Salvo en algunos grupos de Whatsapp, hace ya mucho que no participo en redes sociales ni blogs ni publico nada en Internet.  Ando bastante oxidado en todo esto. Pero creo que la invitación que me hacen mis compis de SIRIO para dejar aquí una muestra, a modo de recuerdo, de lo vivido en Saldaña con cuantos tuvimos la fortuna de compartir el eclipse de Sol de agosto del 26 bien merece salir del letargo. 



Vaya por delante que ninguna de las imágenes que captó mi cámara hace justicia al espectáculo que nos regalaron el sol y la luna. Tuvimos la enorme suerte de disfrutar una tarde despejada de nubes, salvo unas poquitas que andaban cerca del horizonte y dieron un toque especial a la puesta de sol, así que todo el proceso del eclipse pudimos disfrutarlo de forma privilegiada. Nosotros solos en un extenso campo con un horizonte castellano amplio y libre de obstáculos (ancha es Castilla). 


Las gestiones de nuestra directiva dieron sus frutos a pesar de los sobresaltos de última hora y las barreras que lógicamente cerraban los pasos de caminos rurales y forestales se abrieron para nuestra Agrupación.



La experiencia de “ver” un eclipse de sol va mucho más allá de la simple visión de un astro oscureciendo a otro. 


Resultó muy emocionante la espera cronometrada por las voces de algunos compañeros cantando la cuenta atrás:


-15 minutos para la totalidad, cinco minutos para la totalidad, quince segundos, diez, cinco, … 


Y la explosión de júbilo, las risas nerviosas, los abrazos, el fresquito que acompañó a la oscuridad. 



- ¡Las perlas, las perlas de Baily!  Gritaban voces nerviosas. 

- ¡Gafas fuera! ¡Gafas fuera! Atronadora la voz de Paco.

- ¡La Corona! Mirad la corona ¡Ooooohhhhhh! ¡Qué preciosidad!

- ¡Mirad! ¡Allí! ¡Venus! ¡Arturo! ¡Júpiter! 


Más abrazos. Y saltos. Y correteos nerviosos para inmortalizarse con el sol y la luna unidos en un profundo y negro abrazo detrás de ellos, de ellas. Abrazo que duró algo menos de 2 minutos, pero que a mí se me hicieron cortísimos en aquel momento. Sin embargo ahora, pasados unos días, cierro los ojos y los revivo como en una cinta sin fin. Y vuelvo a ver aquellos hilos de luz de la corona solar. Las fulguraciones, llamaradas de fuego intenso. 


Y aquél nuevo estallido de luz al volver a asomar el sol.


- Gafas! ¡Gafas! ¡Gafas puestas! ¡Filtros! ¡Filtros!


El anillo de diamantes. 


Inenarrable la fuga de las sombras, la llegada de la luz. 


Más abrazos, risas nerviosas y hasta alguna lagrimilla.


Y un brindis con vino Celeste. 


Y una foto de grupo que no salió en cámara, pero que todos mantenemos en nuestra retina, en nuestro corazón. 


Amantes de la astronomía, acostumbrados a fenómenos de todo tipo, ocultaciones, estallidos de supernovas, puestas y salidas de sol y de luna… Habíamos compartido unos momentos irrepetibles. 


Algunos tal vez volvamos a ver, vivir, sentir, uno o dos más en nuestra vida. Con suerte tres. Pero nunca serán como este que acabábamos de compartir.


Como he dicho antes, estas fotos son más para evocar que para recrear aquellos momentos.

 Especialmente ésta.


Además de la cámara con teleobjetivo para captar los detalles del sol en todas las fases, tenía preparada una segunda cámara con un objetivo gran angular para captar el paisaje justo en el momento de la totalidad, con el sol completamente eclipsado y aquella luz (o falta de luz) única que se generó. 


Mi idea era ensamblar sobre ella las demás fases como se ve aquí. Pero justamente con el nerviosismo y el júbilo del momento, no el mío precisamente, esa cámara no pudo captar ese momento. Así que al día siguiente volví al mismo lugar a fotografiar el momento del ocaso para montar la foto con ella. 


Desastre. Ni la luz es la misma, ni nada de nada. 


En fin. Como recuerdo me sirve.


Y por último, te dejo aquí este vídeo montado con fotos de todas las fases.

Ya sabes dale al PLAY